Un almacén fortificado con vestuario adentro
El edificio donde hoy se cambian los zapatos empezó a levantarse en 1405, o antes, como depósito fortificado para los comerciantes que movían mercadería por el puerto de Ardglass. Después fue casa: hacia 1788 le sumaron una ampliación que todavía se distingue. El club lo usa como clubhouse y sostiene que es el más antiguo del mundo en funciones. El puerto es más viejo todavía: por ahí desembarcó el normando John De Courcy en 1177.
El golf llegó bastante después. En 1896 el reverendo Thomas MacAfee organizó siete hoyos que sumaban menos de mil yardas y que hoy caben enteros en el primer y el último fairway. En 1907 pasaron a nueve, y ahí se quedaron sesenta años. La ampliación a dieciocho llegó a fines de los sesenta, cuando el club consiguió tierra hacia Ringfad Point y pudo estirar el recorrido hasta el otro extremo del promontorio.
Lo que la cancha ofrece a cambio de su tamaño modesto es una relación con el agua que pocos links irlandeses tienen. El Mar de Irlanda entra en juego en ocho hoyos y no se pierde de vista en ninguno de los dieciocho: en un día limpio se ve la isla de Man. Los fairways corren firmes, los greens son chicos y el viento cambia de dirección con el recorrido. Jugar por yardas no funciona.
El arranque es el tramo que hizo famosa a la cancha. Los cinco primeros hoyos caminan por el filo del acantilado, con el rompiente abajo y el pueblo atrás. Del 6 al 9 la cancha entra tierra adentro y se pone dura: el 8, Red Braes, son 441 yardas en subida y contra el viento predominante, índice 2 y sin discusión. Del 10 al 13 vuelve al agua, y ahí están los dos hoyos que todos fotografían. El 13 es el índice 1: drive ciego, green que cae de izquierda a derecha y problemas serios en las tres direcciones que no son el centro.
Lo que cambió mientras nadie miraba
En los últimos años el club corrió un programa por fases de la mano de Ken Kearney: treinta y seis bunkers revestidos al estilo links, movimiento de terreno, drenaje nuevo en el 11 y complejos de green rehechos. La quinta fase quedó frenada por la pandemia y retomó después. En paralelo, la vuelta de regreso cambió de forma: el 10 dejó de ser un par 3 y hoy es un par 4 corto y drivable, el 16 se estiró hasta 605 yardas y el 17 se convirtió en un par 3 de 163 contra el horizonte. La cancha suma un golpe: par 71.
La visita tiene sus reglas. Es un club de socios que recibe visitantes, con sábados reservados hasta las dos de la tarde y domingos hasta las once y media. Los caddies son socios del club, trabajan por su cuenta y se piden con una semana de anticipación, igual que los carros. El restaurante y el bar funcionan en el edificio de 1405, que es donde termina la ronda.