
Dieciocho hoyos angostos entre pinos plantados sobre médanos, hoy cerrados y con su futuro en discusión.
El bosque de Cariló fue plantado. Héctor Manuel Guerrero empezó a forestar los médanos en 1918, y recién en 1934 las plantaciones llegaron cerca del mar; el loteo arrancó en 1965. La cancha de golf se abrió dentro de ese bosque a mediados de los setenta, en tierras de la familia Guerrero, que durante más de treinta años le dio nombre a una de sus copas: la Héctor Manuel y Ernestina Guerrero.
Los primeros nueve hoyos se inauguraron en 1976 y los segundos recién en 1998, las dos veces con Roberto De Vicenzo presente. En esos veintidós años Cariló fue una cancha de nueve hoyos, y sobre ese trazado se jugaron las primeras ediciones del Abierto de Cariló del TPG, que arrancó en 1983: la de 1984 la ganó Eduardo Romero.
El torneo se jugó trece veces hasta 2011, con una interrupción que cubrió todos los noventa. Jorge Berendt (2001 y 2005) y Rafael Gómez (2008 y 2011) lo ganaron dos veces cada uno; Daniel Vancsik se lo llevó en 2006.
Con los dos nueves, la cancha quedó en par 73 para caballeros y par 74 para damas, con 6.473 yardas desde azules. Corta para los números actuales, se defendía con fairways angostos entre pinos, doglegs marcados hacia los dos lados, salidas desde las que no se ve el green y ni un solo obstáculo de agua. El club llamaba rough leñoso al bosque que bordea cada hoyo. Junto al hoyo 11 funcionaba un bar metido en el bosque, que el propio club describía como paso obligado.
El predio es privado, mide 41 hectáreas y no tenía detrás una masa de socios que lo sostuviera. Nelson Valimbri, que se lo compró a la familia Guerrero a mediados de 2018, apostó a un hotel cinco estrellas con villas dentro del golf para financiar la cancha: el municipio lo aprobó en 2021 y una acción judicial del Foro de Amigos de Cariló lo dejó paralizado. Con las cuotas y los torneos como únicos ingresos, los dueños declararon la operación inviable y cerraron los 18 hoyos el 30 de abril de 2026.
El proyecto que presentaron después reduce la cancha a nueve hoyos, con salidas dobles para poder jugar dieciocho y un diseño encargado al estudio estadounidense Dusenberry Design. El resto del predio pasaría a entre 50 y 60 lotes de 2.000 a 3.000 m². La audiencia pública fue convocada para el 7 de septiembre de 2026 en Pinamar. El Foro llevó el caso a la Suprema Corte bonaerense: sostiene que una ordenanza de 1995 reservó unas 40 hectáreas del predio como espacio verde permanente para golf, y que Cariló está protegido como paisaje por la Ley provincial 12.099.
El desenlace está abierto. La vía judicial puede frenar el fraccionamiento, y los dueños sostienen que la cancha de 18 hoyos no se puede mantener económicamente.
Sobre la arquitectura de la cancha
El primer nueve se trazó con criterio británico: fairways angostos, muchos doglegs y los pinos como único límite entre un hoyo y el siguiente, sobre médanos que la familia Guerrero había forestado casi seis décadas antes. Es el mismo diseñador del Golf Club José Jurado, en Buenos Aires. Los nueve que se sumaron en 1998 respondieron a otro criterio, de corte americano.
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Ningún arquitecto de esta ficha aparece en otra cancha del catálogo.
Lo que la hace única
Roberto De Vicenzo inauguró los dos nueves, con 22 años de diferencia: el primero en 1976 y el segundo en 1998.
Cariló Golf era corta para lo que se juega hoy, y no le hacía falta más: con el bosque cerrando cada fairway y ningún obstáculo de agua, la cancha se defendía con pinos, doglegs y salidas ciegas. El cierre deja una lección que excede a Cariló: 41 hectáreas privadas, sin masa de socios, dependiendo de cuotas, torneos y de un hotel que la justicia frenó. Con la mitad del predio convertida en lotes, la vuelta de 18 que se jugó durante 28 años no entra en el proyecto. Esta ficha queda como registro de esa cancha. Si el predio vuelve a abrir, con nueve hoyos o con dieciocho, la reescribimos.
Salida Azules · 6.473 yardas · Slope 135 · Rating 72.6