Golf en el valle del torrontés
La cancha está sobre la ruta 40, a pocos kilómetros de Cafayate, adentro de un emprendimiento de más de mil hectáreas donde el viñedo llega hasta el borde de las calles. El paisaje es de valle seco: arena, arbustos bajos, pastizal que se pone dorado en invierno, y los cerros colorados de los Valles Calchaquíes cerrando el horizonte por los cuatro costados. No hay rough en el sentido tradicional: hay calle, y después está el valle, con el pasto nativo haciendo de borde.
Lo que cambia todo es la altura. A 1.600 metros el aire es más fino y la pelota vuela alrededor de un diez por ciento más lejos que al nivel del mar, así que las 7.600 yardas desde las negras no son las 7.600 yardas de ninguna otra cancha larga del país. La tarjeta ofrece cinco juegos de bochas, de esas negras hasta las verdes de 5.092, y la elección importa más que de costumbre: el que sale desde atrás sin recalibrar la distancia se pasa de green todo el día.
El viento de la tarde
El otro factor es el viento del valle, que se levanta al mediodía y crece a la tarde. Con el aire quieto la cancha es ancha y generosa; cuando entra el viento, las mismas calles piden líneas distintas y los pares 4 largos se estiran. El club publica 340 días de sol al año y sostiene que desde que abrió tuvo que suspender una sola vuelta por clima, un número que explica por qué acá el calendario de juego se organiza por la hora del día antes que por la estación.
Alrededor de la cancha, el emprendimiento suma canchas de polo, caballos peruanos de paso, un club deportivo con spa y un hotel adentro del mismo predio. Eso define el formato del viaje: se juega a la mañana, cuando el viento todavía no se levantó, y el resto del día no exige moverse de La Estancia.
El brezal del bodeguero
Al anunciar la cancha terminada, el club la llamó The Vintner's Heath —el brezal del bodeguero—, un nombre propio que el uso comercial fue dejando de lado y que hoy casi no aparece. Ese mismo año, 2010, se jugó la primera edición del Abierto de Cafayate, que para 2012 ya juntaba más de cien jugadores de todo el país, de Bolivia y de Estados Unidos.