La vuelta baja del Corcass
El Castle ocupa el Corcass, la franja de tierra baja donde el río Inagh se abre en estuario antes de entrar al Atlántico. Es terreno de marea: se inunda, se seca, y no tiene una sola duna alta. La vuelta se mueve entre ondulaciones menudas, con el agua salada a la vista casi todo el tiempo y, del lado norte, la torre de Dough Castle asomando sobre la arena. Top100 lo cuenta entre los links auténticos que quedan en el mundo, y no por generosidad: el suelo, el pasto y el viento son los de un links, sólo que a ras.
Ahí ya se había jugado antes. Cuando los primeros nueve hoyos abrieron en 1963 hacía treinta y cinco años que el golf se había ido del Corcass, y los planos de John D. Harris eran de dos años antes. La segunda mitad recién llegó en 1975. Esa historia partida explica el trazado: no es una cancha pensada de una vez, es una que creció sobre lo que el terreno permitía.
Los números engañan. Son 5.488 yardas desde blancas y par 69, con tres par 4 que no llegan a las 280 —el 5, el 8 y el 14— y un solo hoyo largo de verdad, el 12, de 442 con índice 1. Sin dunas que corten, el viento entra parejo los dieciocho hoyos y el yardaje deja de significar lo que dice: un par 3 de 116 puede pedir hierro medio y un par 4 de 248 puede quedar fuera de alcance. El arroyo cruza el 8 y obliga a decidir desde el tee. Quedan tiros ciegos, que en una cancha de este perfil son una elección de diseño y no un accidente.
Se juega caminando, sin excepción: el club no alquila buggies en ninguna de sus dos canchas, y ofrece carros de mano y trolleys eléctricos. El Castle tiene clubhouse propio y estacionamiento propio de su lado del camino. A cien yardas del primer tee del Old está la academia de juego corto que diseñó Martin Hawtree, cinco acres con siete greens de práctica y un centro cubierto, que es donde conviene calentar antes de salir.
Y hay una fecha que conviene tener presente: este trazado se va. En enero de 2026 el club anunció que Rhebb & Johns Golf Design —Keith Rhebb y Riley Johns, en su primer trabajo en Europa— rehace el Castle entero, con obra arrancando apenas terminada la Walker Cup de septiembre de 2026 y entrega prevista para 2029. Seis greens nuevos, par 68 de unas 5.400 yardas y hoyos orientados a los cuatro puntos cardinales en lugar del eje norte-sur actual. De los doce hoyos que sobreviven, sólo el 7 y el 13 van a jugarse en la dirección que tienen hoy. Los motivos que dio el club son dos: sacar los cruces entre jugadores que produce el trazado actual, y anticiparse a la suba del nivel del mar sobre un terreno que ya convive con la marea. El encargo, dicho por el propio club, no fue hacerlo más difícil ni convertirlo en rival de la cancha grande, sino mejorar lo que siempre fue.
Hasta entonces, lo que hay es un links corto sobre el estuario, con una ruina de 1306 de fondo, que se camina en poco más de tres horas.