El cura, el hotelero y cien mil libras en acciones
En 1969 un cura de veintiocho años llamado Peter Waldron fue destinado a Clifden con una idea que en Connemara sonaba a disparate: construir una cancha de golf que le diera trabajo a la zona. Se asoció con Paul Hughes, que acababa de comprar el hotel Abbeyglen, y más tarde con Graeme Allen. Un maestro del pueblo, Paid Kennelly, fue el que salió a identificar qué tierras se podían conseguir. Hubo que comprar un comunal de 110 acres repartido entre once dueños y una propiedad privada de unos 106 acres por 8.500 libras, y Waldron terminó viajando a Boston a negociar con un emigrante que no quería vender su parte del comunal.
No hubo desarrollador ni fondos públicos. El dinero salió de acciones de 500 libras que compraron los vecinos, unas 100.000 libras en total, y del arquitecto, que aceptó trabajar a crédito cuando no había con qué pagarle. Eddie Hackett visitó el terreno por primera vez en octubre de 1970 y volvió varias veces hasta cerrar el trazado.
Mother Nature is the best architect.
La frase es de Hackett y el club la conserva en su propia historia. La cancha abrió el 7 de junio de 1973, con Waldron jugando el fourball inaugural junto al arquitecto y dos socios más.
Roca blanca, pasto duro y los Twelve Bens al noreste
Connemara no tiene dunas, y esa es la primera cosa que la separa del resto de los links del oeste irlandés. El terreno es raso y lo que aparece en lugar de las dunas son afloramientos de roca, con piedras blancas asomando entre el pasto duro por toda la vuelta. Es una península plana y expuesta, y el viento es la condición dominante del lugar. Al noreste se levantan los Twelve Bens y hacia el oeste están la bahía de Ballyconneely y el Atlántico abierto. El club está sobre el mismo tramo de la Wild Atlantic Way que el bog de Derrigimlagh, donde Alcock y Brown clavaron el morro de su Vickers Vimy en junio de 1919 al completar el primer vuelo transatlántico sin escalas.
La ida es la mitad más corta y más plana, con un solo par 5 —el 7, de 568 yardas desde azules, el hoyo más largo de las tres vueltas del club— y el par 4 más duro de la tarjeta en el 8. La vuelta es otra cosa. Desde el 13, un par 3 de 214 yardas a green elevado, la roca aparece de verdad y no se va hasta el final, y el recorrido cierra con dos par 5 consecutivos de 513 y 522 yardas. La tarjeta lo dice sin adornos: 35 a la ida, 37 a la vuelta.
El club tiene 27 hoyos repartidos en tres vueltas de nueve —A, B y C— que salen y vuelven al clubhouse. La Championship es A más B. La C9, que se sumó en 2000 y corre pegada a la costa, se vende aparte y sólo entre abril y octubre. Los visitantes son bienvenidos con reserva previa, hay caddies con tarifa publicada, buggies y carros eléctricos, y el clubhouse mira la cancha entera.