La cancha que se compraron los golfistas
A mediados de los setenta, Pebble Beach Company quería sacarse de encima la carga impositiva de sus terrenos sin desarrollar y puso en venta un lote de 164 acres cerca de la vieja cantera del Del Monte Forest. Del otro lado estaba la Northern California Golf Association, que venía creciendo, usaba Spyglass Hill como sede prestada y quería una cancha propia. La compró en 1977 a siete mil dólares el acre. Después vinieron nueve años de trámite: Robert Trent Jones Jr. elegido como arquitecto en 1979, el cambio de uso del suelo aprobado en 1982, la Comisión Costera de California autorizando el proyecto por siete votos contra cinco en 1984, y la apertura el 1 de junio de 1986. Iba a llamarse Hilltop; el nombre definitivo salió de un concurso entre socios que ganó Chuck Twichell, de Santa Rosa. Fue la primera cancha de Estados Unidos que pertenecía a una asociación de golfistas y no a un propietario.
Cinco años después entró al circuito grande, y entró por una puerta que se había cerrado sola. El PGA TOUR sacó a Cypress Point de la rotación del AT&T Pebble Beach National Pro-Am después de 1990 porque el club se negaba a admitir un socio afroamericano, y el lugar vacante lo ocupó Poppy Hills en 1991. Fueron diecinueve ediciones. Phil Mickelson ganó tres en ese período, en 1998, 2005 y 2007, y el récord del campo lo dejó Matt Gogel en 2001, con 62 golpes, diez bajo par. Ese mismo junio de 1991 la cancha recibió además el campeonato de la NCAA División I: título por equipos para Oklahoma State y título individual para Warren Schutte, de UNLV. En 2010 el TOUR devolvió el lugar a Monterey Peninsula Country Club. La queja de los jugadores era una sola y era concreta: el drenaje.
Ocho pulgadas de arena
En marzo de 2013 la NCGA cerró la cancha y la mantuvo cerrada trece meses. La obra costó alrededor de diez millones de dólares y no fue cosmética. Se selló todo el campo con ocho pulgadas de arena, se rehicieron los dieciocho greens en bentgrass, se levantaron los montículos ochentosos del diseño original, se sacaron árboles para abrir líneas de visión y se instaló un sistema de riego que mide y regula metro por metro. El rough desapareció por completo: en su lugar quedaron agujas de pino y áreas nativas de arena, que redujeron el césped irrigado casi un veinticinco por ciento. Hubo tres cambios de trazado. El 11 se construyó de cero como par 3 corto. En el 9 se destapó un arroyo que estaba enterrado y ahora cruza delante del green. Y el 12, que era un par 5 con un codo de noventa grados, pasó a ser un par 4 cuesta abajo con vista a la bahía desde el tee. El par de la cancha bajó de 72 a 71.
Es un renacimiento más que una renovación.
Lo dijo Robert Trent Jones Jr., que estaba corrigiendo su propio trabajo de 1986. La cancha reabrió en abril de 2014 y ganó ese año el reconocimiento a la mejor renovación de las principales publicaciones del golf estadounidense.
Lo que quedó es un campo que se juega por el piso. Sin rough y con el suelo firme debajo, el approach que pica corto y corre llega tan cerca como el que va por aire, y el error se paga con menos control pero no con una búsqueda entre el pasto largo. El trazado tiene cinco par 3 y cuatro par 5, una distribución poco frecuente, y encadena los dos par 5 del medio: el 9 y el 10 salen y vuelven al clubhouse, con la deck del Porter's dando a los greens del 9 y del 18. Los greens son grandes, ondulados y compartimentados, con bunkers profundos pegados. La bahía de Monterey asoma desde el tee del 12 y desde un puñado de puntos más de la vuelta. Los pinos protegen del viento de la costa bastante más que en las canchas vecinas.
Hoy Poppy Hills sigue siendo la sede y la casa central de la NCGA, con más de 185.000 socios en más de 1.300 clubes, y se reserva online sin restricción de acceso. Entre 2014 y 2019 compartió con Pebble Beach el PURE Insurance Championship del PGA TOUR Champions, y en 2018 recibió el U.S. Girls' Junior de la USGA, que la niebla demoró varios días y que terminó ganando Yealimi Noh, 4 y 3 sobre Alexa Pano en la final.