Un links sólo de nombre
Casa de Campo abrió Teeth of the Dog en 1971 y, tres años después, sumó su segunda cancha. Pete Dye la trazó tierra adentro, entre calles y casas del resort, con palmeras y pasto alto de Bahía bordeando los fairways. Desde algunos hoyos se ve el Caribe, a distancia; el mar no entra en juego en ninguno.
El nombre engaña. No hay dunas ni suelo que haga correr la pelota, y el agua que aparece viene de lagunas interiores. Es un parkland de terreno apenas ondulado, con fairways anchos que doblan a un lado o al otro alrededor de bunkers de todos los tamaños y terminan en greens levantados. Esos greens no tienen quiebres bruscos: juegan por la inclinación general, y casi todo el problema está delante, en el tiro que se queda corto.
La ida es la parte más amplia, y tiene en el 4 un par 4 de 327 yardas desde doradas que obliga a pensar la salida. La vuelta se angosta y trae el agua: del 12 al 16 las lagunas entran en juego, con dos par 3 por encima del agua, el 13 y el 16, y la salida en diagonal del 15. El rough se mantiene corto, así que el castigo lo ponen el agua y los bunkers.
Mide 6.739 yardas desde doradas, par 71, con cinco juegos de bochas que bajan hasta 4.486 desde rojas. A primera hora se sale por el 1 y por el 10. El carro compartido va incluido, y el caddie es opcional pero el club lo recomienda; además es la única forma de caminarla. El club calcula cuatro horas de ronda. La cancha de práctica es grande, con varios targets, green de putt y zona de juego corto.