El Ryder Cup llegó antes que la cancha
En agosto de 1985 la PGA of America adjudicó el Ryder Cup de 1991 al Stadium Course de PGA West, una cancha de Pete Dye en el desierto de California. Los jugadores del tour la detestaron con una intensidad poco frecuente: unos cien firmaron un petitorio para sacarla del calendario, Ben Crenshaw habló de motín y Fuzzy Zoeller dijo que era deprimente ver a los muchachos irse llorando de la cancha. En mayo de 1989, en lugar de sostener la pelea, la PGA hizo algo insólito: mudó el Ryder Cup a una cancha que todavía no existía, en una isla de South Carolina. Dos meses antes, Landmark Land Company había comprado el club de golf y tenis de Kiawah Island con toda su costa atlántica adentro.
El encargo tenía una directiva explícita: que el océano se viera desde los tees, los fairways y los greens. Pete Dye resolvió el terreno con un routing en ocho flojo, emparentado con Cruden Bay y North Berwick, que le permitió correr varios hoyos de cada nueve contra la línea de dunas. Alice Dye propuso lo que terminó definiendo la obra: levantar el terreno de juego para que el mar entrara en la partida y no quedara detrás de las dunas. Pete movió arena hasta subir los fairways casi dos metros. En septiembre de 1989 el huracán Hugo arrasó la costa y frenó la construcción; según el libro de Curt Sampson sobre aquel Ryder Cup, el desastre le terminó facilitando la obra, porque el condado quedó sin capacidad de controlar cómo la reconstruía.
Durante una ronda de práctica europea, parado sobre el green del 17, Dye vio a Ian Woosnam y a David Feherty meter la pelota al agua uno detrás del otro.
¿Cuántas van, dos adentro? Diría que está jugando justo como corresponde.
La frase la recogió Golf Digest, que la toma del libro de Curt Sampson sobre aquel Ryder Cup. Es la definición más corta que existe de lo que el arquitecto buscaba en esa cancha.
Diez hoyos contra el Atlántico
Diez hoyos abrazan el océano y los otros ocho corren paralelos a él. Dye aprovechó que la propiedad estaba partida en dos naturalezas —marisma de un lado, arena del otro— para construir dos ambientes distintos bajo un mismo criterio de diseño. La orientación este-oeste hace que la cancha funcione como dos: una con viento del este, otra con viento del oeste, y la diferencia puede llegar a ocho palos en un mismo hoyo. Dye ajustó los ángulos hoyo por hoyo para que esa cuenta nunca se resuelva de una vez: el 6 y el 7 corren los dos hacia el oeste y piden formas de pelota opuestas. El primer tiro orientado al sudeste aparece recién en el 14, dos horas y media después de la salida.
La cancha que se juega hoy no es exactamente la del 91. Entre 1997 y 2003 Dye reemplazó las entradas de green por bermuda 419, agregó áreas de recolección alrededor de los greens, resembró todas las superficies con un paspalum desarrollado a medida y ensanchó fairways recuperando líneas originales de bunker. En 2002, con aprobación ambiental, mudó el green del 18 a la línea de dunas principal, donde siempre lo había querido. El resultado es una cancha más jugable para el huésped y con más matices de juego corto para el que pega bien. También construyó tees de más para el futuro: dejó el terreno preparado para estirarla a ocho mil yardas cuando los profesionales lo pidieran.
El escenario de tres finales
El Ryder Cup de 1991 se conoce como la Guerra de la Orilla y se definió en el 18, con el putt que Bernhard Langer erró para empatar el match. En 2012 Rory McIlroy ganó ahí su segundo major por ocho golpes de diferencia. En 2021 Phil Mickelson ganó el PGA Championship a los cincuenta años y once meses, y se convirtió en el campeón de major más viejo de la historia, superando el récord que Julius Boros tenía desde 1968. Entre medio pasaron dos World Cup, la Warburg Cup de Arnold Palmer y un Senior PGA. Con los dos PGA Championship, el Ocean Course quedó como la cuarta cancha en hospedar los cuatro campeonatos mayores que organiza la PGA of America. El PGA Championship de 2031 ya está adjudicado.
Golf Digest la ubica trigésima entre las cien mejores canchas de Estados Unidos y quinta entre las públicas, y en su momento la señaló como la más difícil del país. Los números explican por qué: desde las bochas de campeonato marca 155 de slope, el techo de la escala USGA. Pero la cancha no está pensada para que el visitante la juegue desde ahí. Hay seis juegos de bochas, y desde las Dye o las Kiawah la misma cancha se convierte en algo perfectamente jugable sin perder un solo metro de vista al mar.
Se camina. El propio resort la señala como la más fácil de caminar de sus cinco canchas, y hay una lógica en eso: el terreno que Dye levantó para abrir el océano se lee de otra manera a pie. De junio a agosto se habilita carrito para salidas después de las diez, restringido a senderos y con forecaddie. El resto del año, no. Los caddies no son obligatorios pero el resort los recomienda con insistencia, no cobran fee de servicio y la gratificación sugerida está publicada.