Ciento treinta acres entre la bahía y la playa
Narin y Portnoo son dos pueblos pegados en el suroeste de Donegal, a diez minutos de Ardara y a seis millas al noroeste de Glenties. La cancha ocupa el istmo que los une: ciento treinta acres con agua de tres lados, la bahía de Gweebarra abierta al sur, las montañas al este y la costa rocosa al norte. La playa de Narin es de arena blanca y tiene guardavidas de junio a agosto, y con la marea baja se puede caminar hasta la isla de Inishkeel. Ese es el paisaje que rodea los dieciocho hoyos, y en varios de ellos entra directamente en la línea de juego.
Hay golf en la zona desde 1905, pero la cancha que se juega hoy empezó en 1930 con nueve hoyos trazados por gente del club, sin arquitecto de renombre. En 1965 se estiró a dieciocho. El registro le acredita aportes a Hughie McNeill y a Leo Wallace en ese crecimiento, aunque ninguna fuente precisa quién hizo qué y el autor del trazado original sigue sin estar documentado. En 2004 hubo una tanda de mejoras. El salto vino después, cuando Liam McDevitt y Larry Foley compraron el club y llamaron a Hanse Golf Course Design: la obra se hizo en tres fases y la cancha reabrió en 2020.
Todo en este lugar fue una revelación para nuestros ojos.
La frase es de Gil Hanse y está impresa al dorso de la tarjeta del club, debajo del logo. Es una declaración de intenciones y también una explicación de por qué la obra respetó tanto: el trabajo no fue imponerle una idea al terreno sino sacarle las capas que se le habían ido encimando en noventa años.
Cómo se juega hoy
La vuelta va y viene entre los médanos y no tiene dos hoyos seguidos que apunten para el mismo lado. Los cinco par 3 son el rasgo que más se comenta y son todos cortos —135, 138, 140, 144 y 147 yardas desde el fondo—, pero están orientados a los cuatro puntos cardinales, así que el mismo día de viento pide cinco palos distintos. El juego por el piso funciona: la pelota corre, el segundo pique importa y los greens de Hanse y Wagner tienen bordes que rechazan tanto como recogen.
La tarjeta engaña si se la lee desde las bochas plateadas. Ahí son 6.904 yardas con par 70 y cuatro par 4 de más de 470, incluido el 2 con 524, y es un recorrido de campeonato que casi nadie juega. Las doradas, en 6.101, dan la ronda que la cancha quiere: la misma estrategia, los mismos greens, sin la penitencia. El índice 1 es el 16, el que cruza la playa; el índice 2 es el 8, el del tee sobre la punta.
No todo el mundo la compra entera. Ed Battye, de Golf Empire, la jugó en 2022 y escribió que las partes le parecieron mejores que el conjunto, que le faltaba cadencia. Es una crítica razonable para una cancha que creció por pedazos durante noventa años y que se reordenó en tres fases: los hoyos memorables están concentrados entre el 6 y el 11 y otra vez en el 15 y el 16, y en el medio hay tramos que sólo hacen su trabajo.
El circuito de Donegal
Top100GolfCourses rankea diez canchas sólo en Donegal y pone a Narin & Portnoo tercera del condado, detrás del St Patrick's de Rosapenna y del Glashedy de Ballyliffin, y adelante de Portsalon, del Old de Ballyliffin y de las otras dos de Rosapenna. Todas están a menos de dos horas entre sí por la ruta costera del Wild Atlantic Way, y Cruit Island —nueve hoyos sobre acantilados, a media hora— es el complemento natural de una tarde. Narin queda en el extremo sur del condado, que la convierte en la primera parada natural para el que sube desde Sligo.