Dos terrazas que ya estaban ahí
Cuando Mark Parsinen y Gil Hanse llegaron a este pedazo de costa al este de Inverness no encontraron dunas, y decidieron no inventarlas. Lo que había eran dos escalones naturales que dejó la línea de costa vieja al retirarse el mar: una terraza baja pegada al agua y una plataforma alta unos metros por encima. Sobre esas dos alturas armaron un trazado en ocho a lo largo de 2,2 kilómetros de frente al Moray Firth, de manera que las dos vueltas empiezan abajo, junto al agua, y las dos terminan trepando. No hay una vuelta de ida costera y una de vuelta interior: las dos hacen el mismo recorrido vertical.
Desde el tee la cancha es generosa. Los fairways son anchos y el drive rara vez es la pregunta del hoyo — la defensa está entera en los bunkers y en las caídas que rodean los greens, varios de ellos construidos al filo de la terraza alta, sin fondo visible detrás. El otro elemento es el viento, que acá nunca es un solo viento: el trazado cambia de rumbo tantas veces que ninguna dirección acompaña dos hoyos seguidos. El hoyo más duro de la tarjeta no es ninguno de los espectaculares, es el 7, un par 4 de 461 yardas en la plataforma alta.
Cuatro Scottish Opens en seis años
En 2011, con la cancha recién cumplidos los dos años, el European Tour trajo acá su torneo insignia en Escocia. Un sábado lavado obligó a resolverlo en 54 hoyos: la segunda vuelta se completó el domingo a la mañana, el corte quedó en cuatro bajo par y Luke Donald, entonces número uno del mundo, firmó 63 en la última para ganar por cuatro golpes con -19. El torneo volvió en 2012, cuando Jeev Milkha Singh lo definió en desempate, y en 2013, cuando Phil Mickelson también ganó en desempate y siete días después levantó el Open en Muirfield. La cuarta edición fue la de 2016, con Alex Norén por un golpe.
Lo que cambió cuando llegó Cabot
El grupo canadiense Cabot compró la propiedad y la rebautizó Cabot Highlands. El cambio no fue solo de nombre: sumó un segundo campo de 18 hoyos diseñado por Tom Doak con Clyde Johnson, llamado Old Petty, que baja hacia el agua y hacia el castillo desde el mismo clubhouse, más alojamiento propio en el predio. Castle Stuart dejó de ser una cancha para pasar a ser un destino de 36 hoyos con cama adentro.
Del lado práctico hay un dato que decide cómo se arma la semana: está a cinco minutos del aeropuerto de Inverness. El clubhouse es un edificio art déco blanco al que baja el hoyo 18, con bar, restaurante y un lounge en el piso superior. No piden hándicap y se juega caminando: hay buggies, pero se entregan únicamente contra certificado médico.