Un aviso clasificado y doscientos veinte acres
En 1989 se publicó un aviso: una granja de 220 acres en venta, en el promontorio que cierra la bahía de Kinsale. Paul Mulcahy lo vio y llamó a John O'Connor. Él y su hermano Patrick, desarrolladores inmobiliarios, compraron el terreno para hacer una cancha de golf en un lugar donde nadie había hecho una. Tardaron ocho años. Abrió en 1997 y el primer verano se atendió desde casillas prefabricadas en el estacionamiento.
El promontorio ya tenía historia antes de tener hoyos. Es un fuerte de acantilado del siglo III que el jefe Cearmna llamó Dún Cearma —el hoyo 10 todavía se llama Dún Cearn— y sobre el que los de Courcey levantaron un castillo alrededor de 1223. El faro que se ve desde media cancha es el tercero: el de 1814 quedó tan alto que la niebla lo tapaba y hubo que reemplazarlo por uno más bajo, que encendió por primera vez el 1 de octubre de 1853. A dieciocho kilómetros de esa punta, en mayo de 1915, un submarino alemán hundió al Lusitania en dieciocho minutos.
La cancha se acomodó a ese terreno y no al revés. La composición lo delata: cinco par 3, cinco par 5 y apenas ocho par 4, con un stroke index que reparte los pares en la ida y los impares en la vuelta. Nueve hoyos corren contra el borde, algunos con trescientos pies de caída, y los otros nueve trabajan sobre la espina del promontorio con el mar igual a la vista. El viento hace la mitad del trabajo de defensa: desde blancas son 6.588 yardas, un número corriente para una cancha de campeonato, y ninguna de esas yardas se juega a resguardo.
El resto de la operación se armó alrededor de eso. El club emplea unos 160 caddies —de los cuerpos más grandes de Irlanda— y alienta a caminar, aunque hay carros restringidos a los caminos. Hay helipuerto para cuatro máquinas y alojamiento propio en el predio, que pasó de catorce suites a veintiuna y sigue creciendo. La temporada va de fines de abril a fines de octubre y después la cancha cierra: el promontorio en invierno no es negociable.
Hay una discusión abierta que conviene conocer antes de ir. Hasta 1997 el Old Head era de acceso público, y desde que abrió la cancha sólo entran jugadores y huéspedes; la campaña «Free the Old Head of Kinsale» organiza picnics de protesta e incursiones desde entonces. La propiedad sigue en manos de la familia O'Connor.
This was a one-off. When you first drive in here you just say, 'Wow.'
Lo dijo Ron Kirby al Irish Examiner, sobre el terreno que le tocó rutear. El pueblo de Kinsale queda a quince kilómetros y el aeropuerto de Cork a cuarenta y cinco minutos, sobre la ruta que Irlanda promociona como Wild Atlantic Way.