El mar se termina en el cinco
El primer tiro de la vuelta sale hacia abajo: 595 yardas con el Pacífico enfrente y las dunas abriéndose a los costados. El cuatro es un par 4 corto entre la arena, con un green en diagonal y forma de reloj de arena. El cinco es un par 3 de 197 yardas apuntando a Bird Rock. Y ahí se termina: desde el seis la cancha da la espalda al agua y se mete en el bosque de Del Monte por trece hoyos, entre pinos altos y desniveles constantes, sin volver a mostrar el mar.
Los dieciocho hoyos tienen nombre propio, y todos salen de La isla del tesoro. Samuel F. B. Morse, el fundador de la Pebble Beach Company, rebautizó el proyecto —se iba a llamar Pebble Beach Pines Golf Club— por el lugar de la novela de Stevenson, y Bob Hanna, director ejecutivo de la Northern California Golf Association, bautizó los hoyos uno por uno: Treasure Island, Blind Pew, Long John Silver, Black Dog.
Una cancha que abrió mal
Spyglass abrió el 11 de marzo de 1966 y la recepción fue durísima. Sports Illustrated escribió al año siguiente que estaba construida para poner a Arnold Palmer de rodillas. Jim Murray, columnista de Los Angeles Times, la describió en 1967 con un cuchillo entre los dientes y un parche en el ojo. Jack Nicklaus dijo en 1969 que Spyglass daba ganas de irse a pescar. Y Lee Trevino, en 1985, fue más lejos:
They ought to hang the man who designed this course.
La frase es de Trevino y está fechada en 1985, cuando los greens con forma de plato del trazado original ya habían sido suavizados. El arco lo completa el propio golf profesional: en 1999, cuando Spyglass fue co-sede del U.S. Amateur, ningún jugador bajó de 70 y el promedio quedó apenas por debajo de 80. Hoy es la cancha que los profesionales del AT&T nombran cuando les preguntan dónde quieren medirse.
La cuenta que no cierra mirando la tarjeta
Desde azules son 6.960 yardas, que para una cancha de campeonato moderna es corto. El rating es 75,4 y el slope 145: tres golpes y medio por encima del par antes de pegar el primer tiro. En el AT&T 2024 los profesionales promediaron 1,42 bajo par en Spyglass contra 2,18 bajo par en Pebble Beach, y eso que Pebble tiene el viento del mar como defensa principal. La diferencia la ponen los greens chicos, los fairways angostos del bosque y la obligación de acertar el lado correcto desde el tee. Los pares 4 del seis, el ocho y el dieciséis aparecen con regularidad entre los más difíciles del circuito.
La cancha se tocó en 2019, antes del AT&T de ese año. Alargaron el siete dieciséis yardas hasta 545 y el once treinta y cuatro hasta 562, con un tee nuevo unos seis metros más alto, para devolverle riesgo al segundo tiro en los dos pares 5. Reconstruyeron el green del diecisiete, recuperando unos noventa metros cuadrados de superficie que se había comido el rough y suavizando pendientes para las velocidades actuales, con lo que duplicaron las posiciones de bandera utilizables. Y sumaron un tee veinticinco yardas atrás en el dieciocho para volver a meter el bunker de calle en juego.
En 2030 le toca lo más grande de su historia. Dentro del acuerdo que convirtió a Pebble Beach en sede ancla de la USGA, Spyglass Hill va a recibir el U.S. Senior Open y el U.S. Senior Women's Open uno detrás del otro. Es la primera vez que los dos campeonatos se juegan en la misma sede.
Un pro shop de una planta
El contraste con el resto de Pebble Beach Resorts es una decisión, no una carencia. El pro shop es un edificio de una sola planta, el Spyglass Hill Grill está del otro lado de la calle y la cancha de práctica queda a pasos del tee del uno, con un putting green grande detrás que rueda como los greens del recorrido. Hay ciervos pastando en el medio del driving range.
Sobre el acceso, que es lo que más cuesta resolver en un viaje a Monterey: el huésped del Lodge at Pebble Beach reserva con dieciocho meses de anticipación, el de Casa Palmero con doce, y el público general con uno. El aeropuerto de Monterey (MRY) queda a quince minutos en auto.