La cancha que esperó cuarenta y dos años
Ballybunion compró en 1971 el terreno que se extiende al sur de su links original, y esperó una década larga a saber qué hacer con él. Cuando Robert Trent Jones lo caminó —tenía más de setenta años y recorrió las dunas montado en un burro— se encontró con médanos más altos y valles más hondos que los de la cancha que el club ya tenía. De un lado la boca del río Cashen; del otro, el Atlántico abierto. Ruteó los dieciocho en 1982 y la cancha abrió en 1984.
Durante cuarenta años dividió opiniones y no lo hizo por sutilezas. Los greens eran chicos, con las entradas cerradas entre lomas, y difíciles de mantener incluso para el buen jugador cuando el viento venía de atrás. El tiro que erraba por poco no quedaba cerca: terminaba contra la pared de un médano, sin nada que jugar. La cancha pedía un tiro heroico atrás de otro y no ofrecía plan alternativo.
Trent Jones sabía que la había entregado a medio camino. El presupuesto de la obra limitó lo que se pudo hacer, y él lo dejó dicho al terminar:
I left you a rough diamond here
Es decir: les dejo un diamante en bruto, y va a hacer falta que alguien lo pula. La frase la registra Golf Course Architecture en su edición de julio de 2026, y funcionó como acta de compromiso. En 2016, recién terminada la reconstrucción de los greens de la Old, los socios votaron encarar la Cashen. La obra se planificó para seis temporadas y se terminó en tres inviernos, con una inversión de 10,8 millones de euros. Reabrió para socios el 23 de julio de 2026 y para visitantes el 4 de agosto.
El ruteo, que era lo mejor que tenía, quedó casi intacto. La ida va del río al mar y del mar tierra adentro, y vuelve a la casa club en el noveno; el 10 sale otra vez derecho hacia la costa y el resto de la vuelta juega con el océano a la vista en casi todos los hoyos. Los tres que están literalmente sobre el agua son el 5, el 16 y el 17. En los hoyos interiores se abrieron huecos entre las dunas para que el mar aparezca de a ratos, y en el 9 el green se adelantó cuarenta y pico de yardas: ahí es donde el par de la cancha pasó de 72 a 71.
La obra vino con una condición que el club se puso solo: un 20 % más de hábitat natural. Se trazaron con consultores ambientales límites que la maquinaria no podía cruzar, y eso condicionó cómo se atan los green sites al médano — el course manager John Bambury lo explicó en términos de agronomía, no de estética: los estrechamientos son malos para la festuca. Los senderos se rehicieron todos; el club evaluó dejarlos de pasto, como en la Old, y eligió asfalto por el desgaste que aguanta.
Para el visitante, las reglas del club mandan y son las mismas de siempre: tee times de lunes a viernes, mañana y tarde en esta cancha, y los fines de semana reservados a los socios. Cada grupo tiene que llevar como mínimo un caddie o un fore-caddie. Y hay una excepción que sólo existe acá: el buggy se permite en la Cashen y no en el links viejo.