El cable, la cancha y el hombre que la quiso más dura
El golf llegó a esta punta de Kerry con los técnicos del cable transatlántico. Primero Valentia en los años sesenta del siglo XIX, después Ballinskelligs, y en la década de 1880 Waterville, donde la Commercial Cable Company instaló una estación y cientos de empleados que en invierno mataban el tiempo pegándole a una pelota sobre el pastizal de la costa. En 1889 la actividad quedó formalmente bajo el ala del Waterville Athletic Club, y cerca de 1900 el club ya era uno de los primeros afiliados de la Golfing Union of Ireland. Cuando la tecnología dejó obsoletos los cables, en los años cincuenta, la estación cerró, los socios se fueron y los nueve hoyos quedaron dormidos toda la década siguiente.
Los despertó un empresario. John A. Mulcahy, irlandés-americano hecho en el acero y en la industria farmacéutica, encontró el terreno en 1968 con una idea desmedida: construir el links más exigente del mundo. Contrató a Eddie Hackett, el arquitecto de referencia del links irlandés, sumó a Claude Harmon —campeón del Masters 1948 y head pro de Winged Foot— y en 1973 abrió una cancha de dieciocho hoyos que absorbía los viejos nueve del lado llano y estiraba la vuelta sobre dunas que nadie había tocado nunca. Dos años después se trajo al European Tour: el Kerrygold International Classic se jugó acá en 1975, 1976 y 1977, y la última edición la ganó Liam Higgins, el propio head pro de la casa.
En 1987 la compró un grupo de inversores irlandés-americanos que sumó Waterville House, una casa de campo del siglo XVIII a minutos de la cancha, y convirtió el conjunto en un destino de golf y de pesca. Es la estructura que sigue en pie hoy.
Payne Stewart y el julio de 2000
Waterville se volvió parada obligada de los norteamericanos que cruzaban a preparar el Open. En 1998 aparecieron juntos Tiger Woods, Mark O'Meara y Payne Stewart, y Stewart se enganchó con el pueblo más que ninguno. El club lo nombró capitán honorario para el año 2000. Murió en octubre de 1999, antes de asumir. El 12 de julio de 2000, días antes del Open de St Andrews, se descubrió un bronce a tamaño real con Tracey Stewart y varios jugadores del PGA Tour presentes, Woods entre ellos.
Payne, como todos nosotros, amaba tanto este lugar.
La frase es de Tiger Woods, al Irish Times, el día del homenaje. Traducida del inglés. La estatua sigue ahí, mirando el último green.
Cómo se juega
La cancha ocupa una península con el Atlántico de un lado, el río Inny del otro y el estuario cerrando por atrás; enfrente, la bahía de Ballinskelligs, y de fondo los MacGillycuddy's Reeks. La liebre irlandesa es el emblema del club y más de cincuenta especies de aves viven en el predio. Se sale ancho —uno de los panelistas de NCG la describe como de las canchas más anchas de Irlanda desde el tee—, los greens están levantados y piden approach preciso, y el club se enorgullece de que no haya un solo tiro ciego en dieciocho hoyos. Los tres finales corren pegados a la playa.
El contrapunto honesto lo pone Planet Golf: le encuentra falta de sutileza. Los cuatro par 3 son todos largos y formidables —199, 194, 200 y 194 yardas desde las negras— y un hoyo corto y estratégico le daría una variedad que hoy no tiene. Es una crítica al menú, no a la cocina.
Llegar es parte del asunto: son unos 79 kilómetros desde el aeropuerto de Kerry, poco más de una hora por el Ring of Kerry, y no hay forma de pasar cerca por casualidad. Waterville es la cancha más al oeste de todo el top irlandés y el viaje se arma alrededor de ella.